SAGRADA CUMBRE ... Nueva vía en el Amne Machin

Publicado en por ANQAM Escalada

30 DE MAYO

Nueva vía en el Amne Machin, ES LA SEGUNDA MONTAÑA MÁS SAGRADA DEL TÍBET, DESPUÉS DEL KAILASH

Abrieron vía por la cara norte del sagrado monte tibetano Amne Machin. Por respeto, se quedaron a 10 metros de la cumbre.

img 7381 1El día 19 de mayo, Ramón Portilla, Ricard Tomás, Juanjo San Sebastián y el tibetano Namtar Gya "Joe" han realizado la segunda ascensión de la montaña Amne Machin (6.282 m), la segunda montaña más sagrada del Tibet, situada, administrativamente hablando, en la provinvia china de Qinhai. La única ascensión con la que contaba esta montaña databa de 1981 cuando un grupo norteamericano liderado por Galen Rowell, (junto con Kim Schmitz y Harold Knutson) logró recorrer la arista nordeste.

La zona donde se encuentra esta montaña es de las más remotas y desconocidas de China. Pertenece a la cordillera del Kumlun y tiene la peculiaridad de haber sido tenida por la montaña más alta del mundo en los años 30 del pasado siglo, sobrepasando al Everest, pues le fueron otorgadas altitudes de 30.000 y 28.000 pies por pilotos que la sobrevolaron y por Joseph Rock, el corresponsal de National Geografic en esta zona de China.

Portilla, Tomas, Joe y San Sebastián han realizado la apertura de una nueva vía. La ascensión fue muy exigente por las duras condiciones climatológicas y las nefastas condiciones de la montaña, con muchos tramos de hielo negro. Tuvieron que vivaquear cerca de la cima y al día siguiente, por expreso deseo del tibetano que iba con ellos, así como de los lugareños de la aldea donde se alojaban, respetaron sus creencias religiosas que impiden pisar la cumbre y se quedaron a diez metros.

El proyecto se enmarca en uno más amplio, de tipo científico-deportivo, denominado "Más allá del Everest", y patrocinado por "China Tierra de Aventura". 

Aquí les dejamos parte de la reseña de los expedicionarios…

Día 17. Sobre las 8 de la mañana nos adentramos en el glaciar en dirección al espolón que hemos seleccionado, y después de atravesar la primera zona bastante llana pero llena de grietas llegamos al pie del espolón, y nos damos cuenta de que es prácticamente imposible acceder al mismo, así que sin separarnos mucho de él nos dirigimos hacia el lado oeste del glaciar lo suficiente para ir abriéndonos paso en el laberinto que se nos abría enfrente. De repente empezamos a encontrarnos con las primeras dificultades serias, primero, una nieve profunda que nos hundía por encima de la rodilla y en muchos casos hasta la misma cintura, y luego pendientes con una inclinación superior a los 40 grados, que obligaban a un esfuerzo tremendo. A esto le sumamos que nuestra intención al salir del campo base era la de no regresar hasta conseguir cumbre, y al no llevar porteadores, todo el peso de las cosas que consideramos necesarias la cargamos en las espaldas de nosotros cuatro.

Después de unas siete horas de ascensión llegamos a un paso estrecho y muy vertical que ascendía a lo alto de un serac formado por roca en su parte baja y hielo en la alta. Al alcanzar su cúspide, nos encontramos literalmente en un nido de águilas, donde consideramos oportuno emplazar nuestro campamento.

Este serac, está unido por la parte alta al espolón de roca que queríamos ascender desde la base del glaciar, y justo donde emplazamos las tiendas en la roca nos encontramos un tramo de cuerda fija que dejó la expedición japonesa de 1981 y que no consiguió cumbre, aunque también podría ser de la expedición china del mismo año que equivocó la cumbre y ascensión a otra un poco más baja. Aunque no hay demasiada información sobre ella, se sabe que en el descenso se produjo una tragedia y murieron algunos expedicionarios.

Día 18. Decidimos que no es prudente salir sin luz, la cima parece cerca y desde nuestra posición no se aprecian grandes dificultades.  No obstante estamos seguros de que volveremos a dormir a este campamento y no al base. A las siete de la mañana estamos ya en marcha. Empezamos por escalar la gran pendiente de hielo y nieve que tenemos junto al campo y que va paralela al espolón de roca, y al llegar a su parte superior nos empezamos a dar cuenta de que la cosa no será tan fácil, pues aparecen grietas por muchas partes, los serac gigantes parece que crecen como champiñones, la pendiente es muy fuerte (desde abajo parecía una ladera suave) y para terminar la ensalada de dificultades, la nieve nos hunde casi hasta la cintura.

Uno de los principales problemas que encontramos es el desconocimiento de la ruta. Somos conscientes de que seguramente por donde estamos pasando nadie antes lo ha hecho anteriormente y la barrera de hielo  enfrente de nosotros es un laberinto que debemos de descifrar para encontrar el paso acertado.

Tenemos suerte, mucha suerte, pues cada decisión consensuada entre Ramón, Juanjo y un servidor se muestra como la acertada, y en ningún momento tuvimos que desandar el tramo recorrido. Eso sí, la ruta cada vez es más compleja y la montaña se muestra también cada vez más defensiva. Tras un paso difícil, otra sorpresa, si cabe más complicada todavía, y así sucesivamente y sin dar un solo respiro. Realmente parece que los dioses del Anyemaquen defienden su territorio y venden los tickets de paso a un precio muy alto.

Joe, que nos acompaña, y que es, cabe decirlo, no un mero espectador o una carga para nosotros, sino que se comporta como un expedicionario más (aunque en los pasos difíciles se le nota la falta de experiencia), nos pide que si llegamos a la cumbre, no la pisemos, pues él, como tibetano cree en la religiosidad de esta montaña, y cree que debemos  respetarla y no ofender los dioses hoyando su cumbre. Por eso acordamos que le vamos a respetar y que nos quedaremos a unos metros de la cima.

No sé si ésta fue la razón pero a pesar de que las horas iban pasando dramáticamente y la cumbre no aparecía, sí que íbamos avanzando y encontrando el camino correcto.

Después de un largo de cuerda por una pared helada de unos 45 grados llegamos a una plataforma debajo de un serac con una pared de unos 20 metros completamente vertical. Podíamos rodearlo por la derecha o por la izquierda, decidimos el lado izquierdo y nos encontramos con un paso franco pero muy pendiente, 45 grados continuados por hielo muy duro. Realizamos un largo de cuerda de 60 metros, montamos la reunión, luego otro largo de otros 60 metros en las mismas condiciones, reunión, y al girar la espalda una vez asegurada la reunión, sorpresa, la cumbre está a menos de 50 metros.

Cuando el resto de compañeros se reúne, decidimos realizar un último largo de unos 40 metros hasta llegar muy cerca de la cumbre pero sin pisarla. Así lo hacemos y nos detenemos en medio de la pendiente a unos 10 metros de la cima, son las 19.30 de la tarde, hace un frío tremendo, el cielo está tapado, y nos empezamos a preocupar por la bajada, pues ya tenemos muy claro que va a ser imposible alcanzar el campamento intermedio, y que deberemos encontrar algún lugar seguro para montar un vivac.

Descenso con vivac

Empezamos el descenso. El primer rápel lo hacemos sin problemas, pero cuando queremos recuperar la cuerda ésta queda atascada y nos obliga a volver a subir para liberarla. Esto nos retrasa mucho y se nos echa la noche encima. Realizamos el segundo rápel en la más absoluta de las oscuridades y al final decidimos cavar una cueva en el hielo e intentar pasa la noche allí de la mejor manera posible.

Día 19. La noche es la más dura de nuestra vida con diferencia, pero conseguimos superarla sin sufrir congelaciones ni malas consecuencias para ninguno. Posiblemente vuelven a respetarnos los dioses de la montaña por haberla respetado nosotros primeramente. Tan pronto como amanece, a las seis de la mañana, nos ponemos en marcha rápidamente. De hecho, como pasamos la noche con los crampones puestos, ni tan solo debemos perder tiempo en este menester, y vamos enlazando rápeles y perdiendo altura cuando el sol aparece y empieza a calentar nuestros entumecidos huesos y nuestros agarrotados músculos.

Sobre las 11.30 h de la mañana llegamos al campamento del nido de águilas y nos tomamos un descanso para hidratarnos (que falta nos hacía, pues llegamos los cuatro completamente deshidratados), y dormir un par de horas. A las dos de la tarde nos ponemos en marcha nuevamente, desmontamos el campo y seguimos el descenso.

Al llegar al campo base nos encontramos con la sorpresa de que los yakeros están esperándonos, cuando el plan era que debían llegar por la mañana siguiente, pues pensábamos pasar la noche en ese campo. Al estar ellos allí, y ofrecernos su ayuda para desmontar el campo, decidimos seguir hasta la casa del tibetano que utilizamos como base principal. Llegamos a la casa pasadas las nueve de la noche, completamente agotados pero con la sensación del trabajo bien hecho, orgullosos por lo conseguido y reconfortados, primero por la sorpresa de recibir la efusiva felicitación de los tibetanos que observaron desde la base de la montaña nuestra progresión por la misma y cómo nos detuvimos a un paso de la cima, y, después, por una buena comida y buena bebida...

(Fuente: desnivel.com)

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:

Comentar este post